lunes, 10 de junio de 2019

108. Náusea constante

Y es que, a pesar del tiempo, de la distancia y del vacío que nos proporcionamos, tu silencio, mis náuseas, sigues instalada en el centro de mi pecho, bajo el esternón. Siento tu respiración agarrada a mis vísceras y a veces siento el sofoco, la falta de aire, como si alguien me apretara el cuello desde dentro, ansiosamente. Algunos de esos días brillantes, como por ejemplo, los de los primeros rayos de sol calientes del año, la brisa golpea nuestras caras y yo respiró hondo y despacio. Supongo que inconscientemente pienso que encontraré algún atisbo de tu olor, aquel que encendía cada una de mis células y que, tras tanto tiempo sin saber de ti, enfermaron. Cuando vuelves a mi memoria, me invade la pena profunda que, instalada en el fondo de mi pecho, bajo el esternón, me ahoga con sus manos alargadas y ágiles de violinista, sin dejar marca. Y lo que más duele no es que no estés, no es que te fueras. El dolor más hondo está en el vacío que, tú y yo, nos proporcionamos. Sé que me piensas, sabes que me ahogo.

domingo, 18 de marzo de 2018

107. ( )

Siento la bola que sube por la garganta, ahí atascada por este miedo atroz. Siento el aire caliente del estómago, amarrado, ardiendo cada segundo que pasa. Vuela y déjame volar, corta la cuerda.

viernes, 9 de marzo de 2018

106. La luz

Parece que está volviendo la luz. Soy un oso saliendo de un letargo fuera de tiempo, con un hambre feroz. Y, justo ahora, me doy cuenta de que ella siempre ha estado ahí, a destiempo. Besándonos a hurtadillas entre tanta gente. A destiempo, siempre a destiempo. Contrasentido. Ya no hay pérdida.

jueves, 18 de enero de 2018

105.

Tengo tantas ganas de libertad, de amar profundamente, de que todo sea fácil por una vez, de que todo fluya. Lo tengo todo a medias, pero ese todo a medias me ahoga. Nada es verdad.

jueves, 23 de noviembre de 2017

104. Garganta con arena

El silencio me tiene presa. No me deja avanzar, no me deja soltar el pasado. Quiero enterrarte. Y todo porque pienso en ti y tú no estás. Y pienso en lo que me gustaría volver a sentirme viva de una manera profunda. Y enamorarme. Hasta el fondo, que me traspasara como un cuchillo. De esos deseos que nacen del centro del estómago, de manera visceral. Y entonces, tú apareces en mi vida pero mi vida está en otra. Y por primera vez en mucho tiempo siento que podría ser, podría ser que el viento me golpeara la cara y me despertara de este letargo. Pero el puño que golpea es el del mango de la contradicción, que me hace luchar por lo que tengo entre las manos, aunque a veces anhele que se acabe, se licue y caiga entre mis dedos. Entonces me sitúo entre anhelos lejanos, deseos profundos, aire fresco y un amor complicado. Y ahogo, siempre tú ahogo. Todos en un desequilibrio constante, sin respuestas.

martes, 8 de agosto de 2017

103. Ahogo

Me falta el aire, algo no lo deja pasar. Es una barrera infranqueable, frente a mi nariz. Sé que el oxígeno me rodea, siento el aire caliente pegado a mi piel. Me esfuerzo y doy bocanadas de aire. Nada. Me frustro, me ahogo. Te echo de menos. Sigue el vacío.

jueves, 20 de abril de 2017

102. Arde

Lucha toda mi alma para despensarte. Olvidarte. Humillado mi orgullo, él me ata las manos y aunque le miento diciéndole que sólo quiero saber cómo estás, me mantiene en silencio. Burbujas de pensamiento me inundan casi a diario (voy mejorando lustro a lustro) ¿Qué andas haciendo?, ¿Te llevaste el sillón de orejas?, ¿Me enseñas que estás leyendo? ¿Me das un abrazo interminable? (Sólo para comprobar que sigues oliendo tan bien) ¿Cómo me deshago de todo esto?¿Hasta cuando la quemadura?